lunes, 29 de julio de 2013

A partir de 50

Llevo años observando una de las tantas cosas, que nosotros, como sociedad nos “echamos piedras en nuestro tejado”, aparte de las inverosimilitudes

 que hacemos cada día más, que nos perjudica cada vez más, me doy cuenta que nosotros como humanos nos ponemos traspiés para poder tropezar y caernos de plano. Os cuento.
Empecé a trabajar a los 16 años, ya que lo que daban en el instituto, no me llamaba la atención a excepción de algunas materias que si me encantaban y ya que no servía supuestamente para estudiar, pues a trabajar.
En mi primer trabajo que fue en una multinacional, estuve 1 año y conocí a mucha gente de todo tipo, aprendí lo que en un instituto no te enseñan, me costó bastante pero aunque mi contrato duraba un solo año, trate de aprovecharlo lo más posible en muchos aspectos.
Al tiempo de comenzar esa nueva etapa de mi vida, me percaté de que la mayoría de las personas que trabajaban en mi empresa eran más o menos de mi edad, no había personal mayor de 45 o 50 años, lo comente a la hora del café con algunos de mis compañeros de trabajo y las respuestas que me dieron, no me dejo perpleja pero si un poco pensativa, para estas “personas” el tener ya 45 años o más, era como irse directamente a la tumba, según ellos tenían que dejar paso a los jóvenes que sabían más porque supuestamente habían estudiado más y tenían un concepto de la vida más moderno y actual y no como esos “vejestorios” que ya eran casi de la edad del cuaternario.
Aquello lo recuerdo aun después de tantos años, porque a medida que he trabajado en otros sitios, este problema siguió y sigue existiendo, después de cierta edad parece que no servimos para nada, ya no nos toman como un empleado o trabajador que aún tenemos mucho que dar, tenemos experiencia, conocimiento, aprendemos aun con facilidad ciertos temas, tenemos responsabilidad y tantas cosas que podemos ofrecer aún.
La vida es muy curiosa, escribo este post, porque hace unos días me encontré con algunas de aquellas “personas”, nos alegró mucho vernos después de tantos años y comentamos una variedad de anécdotas de aquella época y por supuesto como yo ya no me quedo callada (desde hace años) comente aquel episodio de nuestra juventud laboral y todos se quejaron de como tenían su situación laboral actual, algunos estaban como yo en el paro y no conseguían empleo precisamente por la edad, otros, que si trabajaban, le hacían la vida imposible para que se fueran de la empresa en la que estaban por la edad, creo que ya no opinaban como aquel entonces, a lo mejor ya se sentían que eran de la edad del cuaternario o “vejestorios”.

Es gracioso, según como se mire, el tiempo pasa por todos y no solo hace mella en nosotros físicamente, sino en nuestro interior, creo que es una de las maneras que tiene la vida para enseñarnos que todos tenemos etapas según nuestras edades y no hay que menospreciar ninguna de ellas ya que posiblemente pasaremos por todas.

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